20.09.19
Viernes | 17:56 hs

El único argentino a bordo del rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace es de Yerba Buena

Hace 20 años fue por primera vez a la Antártida y ya lleva diez viajes con Greenpeace y buques de pasaje.
Foto de Christian Åslund / Greenpeace Ampliar (1 de 2 fotos)
El único argentino a bordo del rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace es de Yerba Buena
Hace 20 años fue por primera vez a la Antártida y ya lleva diez viajes con Greenpeace y buques de pasaje. 
Hace 20 años Daniel Rizzotti (51 años), nacido en Yerba Buena, fue por primera vez a la Antártida y ya lleva diez viajes con Greenpeace y buques de pasaje. Hoy es el único argentino a bordo del rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace, que se encuentra en el Océano Antártico en una misión para la creación de un santuario libre de pesca en el Mar de Weddell. La pesca de krill pone en jaque todo el ecosistema de este mar, que incluye pingüinos, focas, orcas y ballenas, entre otros animales
En una entrevista con el diario La Nación, reveló  que es el único de la tripulación que toma mate y confiesa que tiene un dulce de leche "encanutado" en su camarote. Para llegar a formar parte de la tripulación, primero se convirtió  en marino, “me fui a estudiar a Buenos Aires para esto. Mi abuelo era italiano, de Trieste, fanático del mar. Creo que por ahí viene el tema. Me recibí en la Armada argentina de oficial de marina militar, luego pasé a la marina mercante y me contacté con Greenpeace porque es lo que se acomoda mejor a mi ideología y de tanto navegar en el Ártico y la Antártida terminé especializándome en navegación en hielo y haciendo los cursos para piloto de hielo” relata.
Su trabajo consiste en asesorar al capitán. “El piloto de hielo normalmente es un capitán de mucha experiencia en hielo. Entonces asesora a un capitán que no tiene conocimiento de la zona. Básicamente, busca la mejor ruta en el hielo para entrar. Navegar en hielo es complicado, porque el barco puede quedar atrapado o puede haber daños. Analiza de acuerdo a las condiciones si el barco puede entrar al hielo o no. El barco este es un rompehielos pero también es una máquina y tiene sus limitaciones. En base a esas limitaciones se hace una evaluación de riesgo, se analizan las imágenes satelitales, el clima, el viento, el lugar, y en base a eso se ejecuta la ruta”.
El barco sube al hielo, se monta en la placa y con el peso la rompe y la desplaza. No creo que en este viaje tengamos hacerlo, pero sí vamos a encontrar campos de hielo disperso más al sur. Vamos a abrir camino dentro del pack de hielo.
El yerbabuenense destaca la belleza que tiene la Antártida y la cantidad de vida que hay. Ballenas jorobadas, orcas, pingüinos, estrellas, esponjas y  pequeños corales, todo en peligro. “Lo que tiene que ver con el ecosistema y la cadena alimenticia si les sacamos el krill, que es lo primero en la cadena alimenticia, los pingüinos van a migrar, son colonias que van a desaparecer. Las ballenas también se alimentan de krill y las orcas de pingüinos y lobos marinos. Todo tiene que ver. Por eso es importante crear estas áreas protegidas”.

Hace 20 años Daniel Rizzotti (51 años), nacido en Yerba Buena, fue por primera vez a la Antártida y ya lleva diez viajes con Greenpeace y buques de pasaje. Hoy es el único argentino a bordo del rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace, que se encuentra en el Océano Antártico en una misión para la creación de un santuario libre de pesca en el Mar de Weddell. La pesca de krill pone en jaque todo el ecosistema de este mar, que incluye pingüinos, focas, orcas y ballenas, entre otros animales.

En una entrevista con el diario La Nación, reveló  que es el único de la tripulación que toma mate y confiesa que tiene un dulce de leche "encanutado" en su camarote. Para llegar a formar parte de la tripulación, primero se convirtió  en marino, “me fui a estudiar a Buenos Aires para esto. Mi abuelo era italiano, de Trieste, fanático del mar. Creo que por ahí viene el tema. Me recibí en la Armada argentina de oficial de marina militar, luego pasé a la marina mercante y me contacté con Greenpeace porque es lo que se acomoda mejor a mi ideología y de tanto navegar en el Ártico y la Antártida terminé especializándome en navegación en hielo y haciendo los cursos para piloto de hielo” relata.

Su trabajo consiste en asesorar al capitán. “El piloto de hielo normalmente es un capitán de mucha experiencia en hielo. Entonces asesora a un capitán que no tiene conocimiento de la zona. Básicamente, busca la mejor ruta en el hielo para entrar. Navegar en hielo es complicado, porque el barco puede quedar atrapado o puede haber daños. Analiza de acuerdo a las condiciones si el barco puede entrar al hielo o no. El barco este es un rompehielos pero también es una máquina y tiene sus limitaciones. En base a esas limitaciones se hace una evaluación de riesgo, se analizan las imágenes satelitales, el clima, el viento, el lugar, y en base a eso se ejecuta la ruta”.

El yerbabuenense destaca la belleza que tiene la Antártida y la cantidad de vida que hay. Ballenas jorobadas, orcas, pingüinos, estrellas, esponjas y  pequeños corales, todo en peligro. “Lo que tiene que ver con el ecosistema y la cadena alimenticia si les sacamos el krill, que es lo primero en la cadena alimenticia, los pingüinos van a migrar, son colonias que van a desaparecer. Las ballenas también se alimentan de krill y las orcas de pingüinos y lobos marinos. Todo tiene que ver. Por eso es importante crear estas áreas protegidas”.